Llevo toda la semana intentando ser mejor persona. Sí, sinceramente, me he propuesto comenzar a estudiar en serio. Y he empezado, aunque sea a adelantar unas prácticas, pero he empezado a trabajar. Pero el martes, al volver de una sesión de prácticas de dos horas, se me fastidian los auriculares. Simplemente dejan de funcionar. Genial. Pienso: bueno, en cuanto tenga dinero me compraré otros. No me importa estar una semana sin música. Y no me importa. Pero se me hace muy raro, muy raro. Lo echo de menos.
Hoy me había levantado con buenas intenciones. Había pensado tener un detalle, de esos que no me cuestan nada y a la gente le parecen encantadores. Además el plan del fin de semana era insuperable: tomar unas cervezas con unos amigos a los que no veo nunca (yo con dos años hablando por un foro y un par de partidas de rol ya los considero amigos, soy así de simple) y mañana irme el día fuera con mis amigos de la residencia. Vamos, que me lo iba a pasar genial y estaba de buen humor. Incluso he sido simpático.
Pero, la vida no es justa señores, y cuando uno está de buen humor, pasa algo como lo de hoy. Este amigo tan guay me ha roto la puta pantalla del ordenador. Ha lanzado un monedero contra la cabeza de otro y las monedas han salido despedidas. No me he continuado la tarde como si tal cosa, pero ahora que he vuelto veo el agujero del tamaño de un carácter del 8. Y no me hace gracia. De hecho, me da bajón.
No sé como podéis creer en el karma, en el amor o en la justicia espiritual. Intentar ser buena persona y estar con mis amigos sólo me ha resultado en estas casualidades-accidentes. Paso de intentar estar de buen humor. Ya no tengo ganas de ná...
Había quedado con ellos después de cenar así que pasaré a avisarles del accidente y de que no voy a salir. Esperemos que mañana, por algún misterio, sea otro día. Otro día sin música y con una pantalla de ordenador rota, pero otro día.
PD: Que agusto me he quedado terminando de romper los jodidos auriculares al suelo.
Dar clase de teoría en Python y las prácticas en C++; con Algoritmia es posible.
Vía: Departamento de Sistemas Informáticos y Computación
Esta tarde he visto las flores en las copas de los árboles. La lluvia empapaba sus pétalos, mientras el frío calaba mis entrañas. Esas flores, que otrora hermosas resplandecían al amanecer, hoy aparecían mustias y apagadas. Estaban sufriendo sus últimos momentos formando parte de un ser vivo.
Pobres flores. Creísteis que había llegado la primavera. Todavía no, todavía no... Todavía no toca ser feliz.
Tengo la intención de comenzar bien este curso. Y dado que eso de ir relajado y agusto parece que no da ningún buen resultado, he decidido volver a lo que llevaba gastando el año pasado: prisas, tensión, dormir poco y mucha cafeína. Nada de ir despacio andando aunque llegue tarde. Nada de saltarse una clase porque no te guste el profesor. Nada de ir relajado ni sentarse a pensar en nada.
Creo que forzando el cuerpo de esta forma despertaré la mente. Necesito resultados ya. Por lo pronto tengo un montón de materia que estudiar para Junio, comenzaré a llevar al día las materias del semestre anterior, aunque con un semestre de retraso. Necesito tensión, correr, cafeína...
Maldita acidez de estómago...
El jueves salí a un pub abarrotado a celebrar el fin de los exámenes. Me lo pasé bastante bien aunque quizá me excedí un poco con el alcohol. Bueno, el caso es que, llegada la hora de irse a casita, recogí la chaqueta de la silla donde la había dejado y un amigo mío me dijo: "Oye, ¿Esas no son tus llaves?" Y lo eran. Mis llaves estaban en el suelo. Me palpé los bolsillos de la chaqueta: menos mal, la cartera seguía ahí. ¿Y dónde estaba el móvil?
Tras un rato mirando el suelo, deducimos que no lo íbamos a encontrar. Supuse que alguien me lo había robado, o simplemente lo vió en el suelo y se lo quedó. Al día siguiente llamé, pero mientras llamaba se cortó. Volví a llamar y estaba apagado. Genial, todas las pesquisas apoyan la teoría del robo.
Llamé a mi padre (el único número de teléfono que recuerdo de memoria) para pedirle que diera el número de baja en cuanto pudiera. Media hora más tarde, mi padre llama al móvil de mi compañero de piso. Me da un nombre y una dirección y me dice que vaya a por mi móvil.
Este chico en cuestión vió el móvil en el suelo y decidió recogerlo porque alguien podía pisarlo. Y lo que es más, vió que tenía poca batería y guardó en su propio móvil el número almacenado como "Mamá". En efecto, en cuanto intenté llamarlo por la mañana, el simple hecho de sonar mi politono gastó la batería.
Así que esto es un gracias al chico que me cogió el móvil en la disco. Gracias por tu buena fé, por ser listo y darte cuenta de lo de la batería, por no quedártelo y por no cobrarme un duro.
Eres grande, tío.